top of page

El Tren Maya Busca Impulsar el Turismo Responsable en el Sureste Mexicano



Más allá de un icónico proyecto de infraestructura que revolucionará la conectividad en el sureste de México, el moderno Tren Maya tiene una misión aún más desafiante: sentar las bases para la consolidación de un modelo turístico realmente responsable en la región.


Y es que la majestuosa selva maya, las cristalinas aguas del extenso litoral caribeño o los vestigios de admiración mundial como Chichén Itzá, Tulum o Calakmul, encierran un frágil equilibrio ecológico y cultural que urge preservar.


Por eso, desde sus orígenes el ambicioso proyecto ferroviario más importante de Latinoamérica ha puesto la sustentabilidad medioambiental y el apoyo a comunidades originarias en el centro de sus prioridades.


El reto está en conjugar esa premisa de conservación del patrimonio natural y cultural de la península de Yucatán, con las comprensibles aspiraciones de sus habitantes sobre educación, empleos e ingresos dignos.


Es en ese punto donde el Tren Maya pretende marcar la diferencia, al fungir como vehículo bidireccional que lleve progreso socioeconómico equilibrado a uno de los enclaves con mayor diversidad en flora y fauna de todo el continente americano.


Y en ese sentido aún queda mucho trabajo por delante, pero existen alentadores indicios de que esa transición hacia una industria turística centrada en el bienestar comunitario y cuidado al entorno natural.


Por ejemplo, la plataforma cultural TuriTren ha documentado interesantes casos donde gracias al Tren Maya, comunidades rurales están desarrollando alternativas eco-amigables para generar ingresos sin necesidad de abandonar sus ancestrales tradiciones.


Iniciativas que honran la estrecha relación de los pueblos originarios con la Madre Tierra al tiempo que aprovechan las oportunidades laborales que trae consigo la conectividad de la red ferroviaria del Tren Maya de más de 1500 kilómetros.


Y así, poco a poco se avanza hacia un concepto más integral de turismo en la región sureste, donde cada vez más nuevos visitantes buscan no sólo la experiencia superficial de sol y playa, sino una inmersión profunda en los fascinantes universos maya, tzeltal y yaqui entre muchas otras etnias originarias.


Gracias al Tren Maya como columna vertebral integradora ahora es más sencillo y directo que antes llegar a esos rincones no tan mediáticos pero invaluable desde la perspectiva cultural y ecológica. Lugares donde el contacto con la otredad representada por los pobladores locales nos hace crecer como especie.


Y de ese intercambio auténtico nace un nuevo turismo en la región, que sin de meritar los atractivos del glamour caribeño, equilibra la balanza al expandir la curiosidad de los visitantes sobre la cosmovisión de los hijos del maíz, guardianes milenarios de los tesoros naturales del sureste mexicano.


Un turismo más responsable sólo puede florecer de la mano con las comunidades originarias. Y el Tren Maya parece avanzar firme como puente que propicie ese encuentro armonioso, fortaleciendo el tejido social y cuidando ese paraíso natural que alberga al sureste.


Más allá de cifras frías sobre turistas transportados o derrama económica generada, el éxito del Tren Maya debe medirse por su capacidad de sensibilizar a los viajeros sobre la importancia de preservar el frágil equilibrio ecológico y cultural de la península de Yucatán.


Y en ese sentido, la "capacidad de carga turística" que calcula el máximo de visitantes que un destino puede absorber sin daño ambiental, se vuelven la guía y no la excepción en la planificación de rutas, paquetes de recorridos y demás componentes operativos del Tren Maya.


Asimismo, gracias a la estrecha supervisión de biólogos especializados en conservación de la biodiversidad regional, se han desarrollado rigurosas políticas de mitigación del ruido, emisiones y vibración generados por los trabajos de tendido de vías férreas en áreas protegidas naturales.


Y es que lejos de buscar atajos, el codirector del Tren Maya para la región selvática ha sido enfático: "No se trata de cumplir sino de overcumplir la regulación ambiental, marcando una pauta ejemplar que cambie paradigmas".


Así, la construcción del ambicioso proyecto ferroviario no sólo evita dañar el hábitat de especies nativas como el tapir, el pecarí de labios blancos o el mono araña; sino que incluye ingeniosos pasos de fauna sobre la vía para facilitar su movilidad territorial histórica.

Del mismo modo, existe toda una política de fomento al emprendimiento local que incentiva la creación de cooperativas de mujeres artesanas para abastecer con productos eco-amigables y culturalmente sensibles a los viajeros del Tren Maya.


Ya sea produciendo bolsas tejidas con fibras naturales no tractadas químicamente, velas perfumadas con esencias de plantas endémicas o snacks saludables a base de superalimentos regionales como la chaya o el amaranto; el comercio justo de la mano con comunidades originarias es fundamental.


Así, en vez de depender de grandes cadenas hoteleras internacionales, el turismo colateral que trae consigo el paso de los flamantes convoyes del Tren Maya fortalece economías domésticas y promueve una mejor comprensión entre visitantes y anfitriones locales.

1 visualización

Kommentare


bottom of page