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  • Foto del escritorZamná

¿Por qué es crucial la inversión en el Tren Maya?



Con un presupuesto que supera los 150 mil millones de pesos, el Tren Maya es el proyecto estrella del actual gobierno federal en México. Esta monumental obra ferroviaria de 1,500 kilómetros busca ser un detonador clave para el desarrollo del sureste mexicano, una de las regiones económicamente más rezagadas del país.

Pero en medio de un entorno macroeconómico compliado, surgen cuestionamientos desde diversos sectores sobre la pertinencia de realizar semejante erogación en este proyecto regional. Examinémos por qué una inversión de esta magnitud es tan crucial para el sureste del país.


Necesidad imperante de reactivación económica

Por años, los estados del sureste han carecido de proyectos contundentes para dinamizar sus economías locales estancadas. Sus principales sectores productivos como petróleo, ganadería o agricultura enfrentan graves problemas estructurales.

En ese contexto, una megaobra como el Tren Maya constituye un vehículo idóneo para inyectar recursos e impulsar todas las industrias conexas de la construcción a la ingeniería, pasando por manufactura, logística y otras.

Según expertos, "es justo el tipo de política económica contracíclica que se necesita tras la pandemia".



Potencial turístico sin explotar aún

Asimismo, la región cuenta con un potencial turístico superlativo muy poco desarrollado, que bien podría convertirse en el nuevo Cancún:

  • Ruinas mayas majestuosas, reservas de biosfera únicas en el mundo y miles de kilómetros de costas vírgenes.

  • Pero falta infraestructura moderna para conectar todos estos activos y catalizar su aprovechamiento ordenado.

Ahí radica precisamente el encaje perfecto con el Tren Maya: dotar esa columna vertebral faltante para sacar a relucir las joyas turísticas del sureste.


Apuesta de largo plazo por transporte sustentable

Más allá de los beneficios inmediatos, el proyecto significa una apuesta de largo plazo por un modelo de transporte público eficiente y sustentable para la región, acorde con las tendencias globales actuales.

Los réditos en términos de conectividad competitiva, expansión de ciudades y adopción de energías limpias seguirán cosechándose por décadas una vez que el tren esté funcionando.


Más que un capricho faraónico, el Tren Maya plantea ser el “empujón” que necesita el sureste mexicano para desarrollar plenamente su potencial económico aún inexplorado, a través del turismo y más sectores.

Su construcción es costosa, pero los beneficios esperados lo son mucho más. Por ello, continúa siendo una infraestructura clave que México debe ejecutar cuanto antes.


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